Niñez

Yoani desde muy pequeña mostró una gran afición por la literatura que heredó de su padre, que a pesar de no tener enseñanza universitaria es un gran lector y posee una buena( biblioteca principalmente con literatura clásic

a. Esto fue posible gracias a que antes del Periódo Especial se podían adquirir libros en Cuba a muy bajo precio.

Yoani tenía cinco años cuando se produjo el Éxodo del Mariel, en el que la ocupación de la embajada de Peru en La Habana por diez mil cubanos que deseaban emigrar, desencadenó la salida de 125,000 cubanos en embarcaciones precarias que salieron del puerto de Mariel. Aquellos que decidían salir sufrían mítines de repudio, en los que grupos de personas les insultaban y les agredían con distintos objetos. El gobierno cubano desalentó los vínculos familiares entre los emigrados y los que quedaban en Cuba mediante represalias a quienes los mantenían. La maestra de Yoani preguntaba en su clase si “mamá o papá recibían regalos de la familia en el Norte.” De formá que varios compañeros de clase de Yoani delataron, sin saberlo, a sus propios padres.

A los 14 años empezó a tener las primeras dudas sobre la imagen del mundo que le daban sus educadores cuando le llegaron noticias —a través de una prima lejana que pasó una corta estancia en Moscú— de las profundas transformaciones en la Unión Soviética que estaban teniendo lugar en 1989.

Generación Y. Lo que nos dejó Polonia (4-6-2009) Yoani reflexiona sobre las primeras noticias de los cambios en Europa del Este.

La caída del blogue comunista le cogío en plena adolescencia. Así, Yoani tenía 15 años en el momento en que  caía el Muro de Berlín. Eso le marcó profundamente, ya que sufrió intensamente las carencias materiales de aquella época en Cuba, durante el llamado Periódo Especial. Su familia no le pudo pagar la celebración de la “fiesta de quince años,” muy tradicional en Cuba.


En verano de 1990, observó desde su residencia en al esquina de Lealtad a Lagunas a un grupo de personas dirigíendose al mar mientras cargaban balsas a sus hombros, con la intención de abandonar Cuba ilegalmente.


Yoani recuerda como durante el Periódo Especial sus padres pasaron de exigirle que se comiera toda la comida del plato a reñirle por comer demasiado aprisa el pan del racionamiento.

Generación Y. Hijos de la crisis (11-4-2009) Yoani comenta la falta de comida en su casa durante el periódo especial


En ocasiones su padre, que era maquinista le permitía acompañarle en el manejo de las máquinas.

Generación Y. Lokomitiv (28-1-2009) Yoani habla del trabajo de su padre en los ferrocarriles

Pasó parte del Periodo Especial en un albergue en Alquízar, donde dormía en una litera de hierros oxidados.

Generación Y. Casnistel o El Dorado (10-12-2009) Yoani nombra el albergue.

Siendo niña tuvo que ensayar preparativos para una hipotética invasión de los Estados Unidos corriendo a un refugio al sonido de una sirena,  donde tenía que ponerse una máscara antigás.

Generación Y. Numancia (16-noviembre-2008) Yoani describe los ensayos de refugio.
Generación Y. Un discurso bien macho (1-3-2009) Yoani describe el empleo de la máscara antigás.

Curiosamente, Yoani pudo ver por primera vez imágenes de la caída del Muro de Berlín en 1999, diez años después, gracias a un video casettte que introdujo clandestinamente en Cuba un amigo.

Estudió en una escuela primaria llamada “República Popular China.” Después se trasladó a una escuela secundaria llamada “Protesta de Baraguá.” Hizo el preuniversitario en una escuela llamada “Rumanía,” curiosamente cuando Rumanía ya había dejado de ser un país comunista.

Yoani es una hija de la revolución cubana. Al igual que miles de compañeros suyos, tuvo que alistarse en la OPJM (Organización de Pioneros José Martí) donde gritó la consigna “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che.”

En su blog ha hecho la siguiente reflexión sobre su etapa de pionera:

En todas las escuelas del país se hace hoy una ceremonia para que los niños de primer grado entren en la organización pioneril. El matutino dura más que de costumbre, los padres acompañan a sus hijos mientras les ponen las pañoletas y gritan –por primera vez– la consigna de “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Yo también pasé por eso en dos ocasiones, una cuando me tocó alistarme en la OPJM* y otra aquel día en que presencié como se iniciaba Teo. De las dos guardo recuerdos tan diferentes que parecen haber ocurrido en dimensiones totalmente opuestas.
En mi caso eran los años del fervor ideológico y con apenas 93 centímetros de estatura, yo estaba dispuesta a dar la vida por la pañoleta que acababan de colocarme. Me sentía tocada por la mano de la Patria, aunque en realidad sólo estaba siendo sumada a las filas de una ideología. El lema de la organización a la que acababa de entrar parecía el santo y seña que me abriría todas las puertas, aunque en ese entonces ni siquiera sabía que el sufijo “-ismo” forma sustantivos que significan “doctrina, secta, sistema”. Lo menos que me hubiera gustado es que me apartaran como a Lybna, que por ser Testigo de Jehová no había hecho “los votos” junto al resto de los niños del aula. Sobre ella planeaba una sombra que se hacía más oscura –precisamente– por no llevar atada al cuello aquella tela azul.
Pasaron veinte años y estuve con mi hijo una mañana de octubre para verlo entrar en ese movimiento pioneril en el que ya yo no creía. La maestra recorrió la fila y pidió a los niños que repitieran el slogan sobre el Che Guevara. Teo se quedó en silencio y proyectó un puchero que no escapó a los ágiles ojos de la directora. Cuando le cuestionaron el por qué no decía la consigna, como el resto de los estudiantes, apuntó con su simpleza infantil: “Porque el Che está muerto y yo no quiero estar muerto”. Supuse que mi hijo acababa de ser etiquetado en el catálogo ideológico con la peor de las letras, la “C” de contrarrevolucionario. Pero no, la maestra se rió y le dio su primera lección de oportunismo “Ay, Teo, repite la consigna y ya, para qué te vas a meter en problemas”.
· OPJM: Organización de Pioneros José Martí.

Yoani recuerda con desagrado el adoctrinamiento que sufrió durante su etapa de “pionera por el comunismo,” y

rechaza ese mismo adoctrinamiento cuando lo ve sobre su hijo Teo. En enero de 2009 hizo las siguientes reflexiones sobre el tema:

 

Estamos atentos a que nadie se acerque lascivamente a nuestros hijos, pero pocos se dan cuenta cuando el manoseo se centra en las mentes y no en los cuerpos. La ideologización de la educación cubana ha llegado a un punto que alarma incluso a quienes nos formamos bajo esos mismos métodos. Con sólo tomar un libro de texto o revisar el sistema evaluativo, puede notarse el terreno que ha ganado la doctrina en detrimento de los conocimientos. En el aula de mi hijo, seis fotos del Líder Verdeolivo adornan las paredes, mientras en las calificaciones se incluye la participación en actividades políticas y patrióticas.
Evoco mi etapa de pionerita leyendo un comunicado o gritando consignas y no puedo dejar de sentirme abusada. Pero la sensación es más fuerte cuando veo que Teo –a sus trece años– ha aprendido ya cuáles opiniones no debe decir en la escuela para evitarse problemas. Descubrir mi propia máscara prolongada ahora en el rostro de mi hijo es más doloroso que aquel estupro del que fui blanco.
Yoani tuvo que aprender a marchar y se arrastró en clases de preparación militar. Antes de cumplir los 15 años ya sabía usar un fusil AK-47.

Generación Y. Atrapados en la ola (6-7-2009) Yoani reflexiona sobre la famosa película “La Ola”

Durante su estancia en la escuela “República Popular de Rumanía” en el campo haciendo el preuniversitario, trabajó en unos platanales donde se ensayaron infructuosamente los plátanos “microjet” que crecían bajo una nebulización continúa de finas gotas de agua. Se trató de uno de los múltiples proyectos fallidos de la revolución cubana

 

Generación Y. Cultivos de ciclo corto (6-noviembre-2008) Yoani describe su experiencia con los plátanos microjet.

Yoani recuerda su estancia en el preuniversitario en el campo como una etapa agobiada por la falta de intimidad. Según sus propias palabras:

Salí del preuniversitario en el campo sintiendo que nada me pertenecía, ni siquiera mi cuerpo. Vivir en albergues crea esa sensación de que toda tu vida, tus intimidades, tus objetos personales y hasta tu desnudez han pasado a ser bienes públicos. “Compartir” es palabra obligatoria y se llega a ver como normal el no poder estar –nunca– a solas. Después de años entre movilizaciones, campamentos agrícolas y una triste escuela en Alquízar, necesitaba una sobredosis de privacidad.

En la Escuela de Campo en el municipio de Alquízar, donde Yoani llegó a los 14 años, adquirío una infección de córnea y una deficiencia hepática. Además fué testigo de como algunas de sus colegas intercambiaban sexo para obtener buenas calificaciones.

Generación Y. Adiós a las escuelas en el campo (23-7-2009) Yoani reflexiona sobre su etapa en la Escuela de Campo

Debido a la prohibición de la celebración de las fiestas navideñas durante muchos años de la revolución, Yoani vió por primera vez un árbol de navidad a los diecisiete años. La experiencia la ha descrito del siguiente modo en su blog:

La primera vez que vi uno de estos recargados arbolitos, tenía yo diecisiete años, la Unión Soviética había  colapsado y ser ateo estaba ya fuera de moda. Parada en la entrada de una iglesia en la calle Reina, no me  decidía a acercarme al Nacimiento y las bolas de cristal que pendían de las ramas. Las historias de lo ocurrido a  quienes habían sido rechazados por tener una creencia religiosa me retenían en la puerta. Boquiabierta ante el  tamaño de aquel abeto, rompí el temor y me aproximé al cálido pesebre.

En 1993 con 18 años, Yoani abandona el hogar de sus padres. Así lo cuenta en su blog:

Hoy cumplo el doble de años que tenía en 1993, cuando empecé a hacerme cargo de mí misma y decidí irme de casa. Renuncié a la protección, a la comida caliente –más bien a la broma de comida, porque era el peor momento del Período Especial-, al mínimo sustento económico que podían brindarme mis padres y al escudo que ellos conformaban entre la dureza de la calle y mis ilusiones adolescentes. Cargué con una jaula de pájaros, un montón de libros y con mi única muda de ropa para lanzarme sin red en busca de esa independencia, que aún hoy me obsesiona.
Este 4 de septiembre, habré pasado ya la mitad de la vida siendo responsable de mis acciones. En este tiempo, he aprendido a valorar la autonomía, a desconfiar de los subsidios y de todas esas “dádivas” que constantemente nos echan en cara a los ciudadanos. Disfruté y padecí el tener que responder por lo que hacía y no poder resguardarme en la frase “yo no sé, pregúntenle a mi mamá”. Después de muchos tropiezos, llegué a comprender que mi verdadero hogar tiene forma de Isla y que de ese, al menos, no pienso irme dando un portazo. Ya me marché una vez con mis pertenencias a cuesta, ahora –que tengo el duplo de aquella edad- me toca quedarme.

http://www.gatopardo.com/numero-111/cronicas-y-reportajes/yoani-contra-yohandry.html artículo con detalles inéditos de Yoani.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s